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4 de abril de 2001

"No sabemos por qué el cerebro reemplaza neuronas"

Fernando Nottebohm es un porteño que, con su título del Colegio Nacional de Buenos Aires, se marchó a los Estados Unidos donde desarrolló toda su carrera profesional.
Su nombre adquirió relevancia internacional a partir sus trabajos relacionados con el canto de las aves, donde desterró un mito que había perdurado por décadas: aquel que decía que las neuronas eran las únicas células que no se regeneraban.
Desde entonces Nottebohm aparece en la lista de figuras candidatas al Premio Nobel y es referente ineludible de los estudios neurogenéticos.
A continuación presentamos una entrevista realizada por Xavier Pujol para el diario El Pais  (España) .

Las neuronas, las células especializadas que forman el sistema nervioso, se renuevan de forma constante en el cerebro adulto de mamíferos y otras especies animales, incluido el ser humano. Este hecho biológico, constatado de forma fehaciente en los últimos años, ha significado la caída de uno de los grandes dogmas de la biología según el cual las células nerviosas eran las mismas de por vida.

Fernando Nottebohm (Buenos Aires, 1940), director del Laboratorio de Conducta Animal de la Universidad Rockefeller de Nueva York, contribuyó decisivamente a la caída del dogma al demostrar que en el cerebro adulto de canarios se produce un constante reemplazo neuronal coincidiendo con el aprendizaje de nuevos cantos. Fue la primera demostración de reemplazo neuronal en adultos. Nottebohm explicó recientemente estos mecanismos en el Museo de la Ciencia de la Fundación La Caixa de Barcelona.

Pregunta.Definitivamente, la regeneración neuronal existe.

Respuesta. Así es. Pero permítame que le aclare algunos términos. No es lo mismo reemplazo que regeneracion. Hay neuronas que son reemplazadas por otras nuevas. Pero si a una neurona se le corta el axón, trata de regenerarlo. Es decir, la célula está tratando de regenerar parte de lo que era. Pero lo que se pensaba hasta hace poco es que las neuronas nacían sólo durante el periodo embrionario y tal vez durante los dos primeros años de vida de un ser humano. A partir de ese momento, si uno las perdía, mala suerte.

P. Y se está viendo que ese proceso continúa.

R. Así es. De hecho, las primeras observaciones son de Joseph Altman, en los años sesenta. Pero nadie se lo tomó muy en serio, quizás por las técnicas que usaba. Luego aparecí yo con mis pajaritos. Había observado cambios estacionales muy agudos en mis canarios que sugerían que podía ocurrir algo en sus cerebros. Gracias a un marcador radiactivo del ADN celular, vimos que había muchas neuronas que nacían en un periodo no mucho más largo que una semana. Y que ocurría en la edad adulta del animal. Las nuevas células eran plenamente funcionales. Además de tener la forma propia de una neurona, vimos que respondían a estímulos convencionales. Por tanto, que formaban parte de circuitos funcionales a pesar de haber nacido hacía tan sólo 20 días.

P. Esa demostración ha roto muchos moldes.

R. La verdad es que sí, pero hay que ser muy cautos. Estamos tan sólo al comienzo de algo y no sabemos hasta dónde vamos a llegar ni cuándo.

P. ¿A qué se refiere?

R. No se pueden dar falsas esperanzas a la gente. Se ha pasado casi de repente de un concepto históricamente imposible a otro en el que se sugiere que se va a poder curar todo. Pero por el momento no hay cura para nada. Esto es ciencia básica. Probablemente el día de mañana surjan tratamientos para enfermedades que implican muerte neuronal como Alzheimer o Parkinson. Estamos en periodo de incubación.

P. Más allá de las aplicaciones hay también nuevos paradigmas. ¿Está de acuerdo?

R. Desde el punto de vista conceptual es un cambio de marea. De repente, es posible pensar que el cerebro como órgano no es tan diferente de la piel, del hígado o del intestino, donde hay células que están siendo renovadas continuamente. Incluso desde el punto de vista filosófico, puesto que esa entidad que es el cerebro está pasando por cambios constantes, dinámicos y muy agudos. Ahora puede empezar a pensarse en curar enfermedades o incluso en rejuvenecer el cerebro. No va a ser factible mañana mismo, pero empiezan a abrirse posibilidades.

P. ¿Tanto van a cambiar las cosas?

R. Sin duda. La neurología actual puede hacer muy poco: un diagnóstico, alguna droga que ayuda un poco, pero prácticamente nada que pueda reparar el daño cerebral. Con el tiempo podremos prever cómo minimizar el daño neuronal e incluso cómo repararlo.

P. ¿La neurología del futuro deberá centrarse en reparar el daño neuronal?

R. Entre otras cosas. Uno de los temas más interesantes es por qué el cerebro reemplaza sus células. Eso lo he visto en mis canarios, incluso en ratones; y otros colegas, en monos. Y lo que he visto es que las células reemplazadas no están enfermas. Son células sanas que por algún motivo al cerebro le conviene su reemplazo.

P. ¿Con qué objetivo?

R. A diferencia de lo que ocurre en el hígado o en la piel, donde hay un desgaste celular, en el cerebro parece que se sigue un esquema distinto y muy astuto. Como en una gran computadora, donde de vez en cuando algunas de sus piezas se van reemplazando. Mi hipótesis es que el cerebro persigue darnos más capacidad de memoria.

P. ¿Qué significaría mayor capacidad de memoria?

R. Imaginemos el cerebro como una biblioteca. Los libros que uno va a meter están limitados por los estantes y, al final, por el tamaño de la biblioteca. Llega un momento en que está toda ocupada, por lo que empiezan a ponerse libros por el pasillo, en el suelo, sobre la mesa. El resultado es que, al final, se vuelve muy difícil encontrar lo que uno ha puesto. En el cerebro pasa lo mismo. Hay un problema constante de dónde poner los datos y cómo encontrarlos, recuperarlos y usarlos. A medida que uno va viviendo, acumula más datos y va quedando cada vez menos espacio. Cuando se llena en exceso, quizás sea una buena estrategia eliminar células viejas y meter otras nuevas de manera que se pueda renovar la memoria.

P. ¿No le parece una hipótesis muy arriesgada?

R. Es cierto que todavía no hay evidencias. Pero en mis canarios he visto un reemplazo neuronal de forma estacional o en situaciones de mucha carga de trabajo. Es una manera de hacer limpieza y hacer nuevo espacio para nuevos aprendizajes.

P. ¿Se podría explicar con ello el porqué de la pérdida de memoria?

R. Se sabe todavía muy poco de eso. Se sabe que, a medida que uno se hace mayor, es más difícil aprender cosas nuevas y que de chico se aprende más fácil. En los pájaros hemos visto que el reemplazo neuronal empieza a decaer con la edad. Tal vez los cerebros serían viejos mucho antes si no fuera por este reemplazo. Y pienso que en humanos pasa lo mismo.

P. ¿Se observa lo mismo en enfermedades neurodegenerativas?

R. En Parkinson la muerte está ocurriendo en una parte del cerebro, en la sustancia negra. En ningún animal hemos visto reemplazo en esa zona. Sólo lo hemos visto en el teleencéfalo; en concreto, en las paredes de los ventrículos. Podría imaginarse que en el futuro podría ser posible inducir al cerebro a generar neuronas nuevas en todas partes, incluso en aquellas donde normalmente no ocurre. Habrá dos maneras de hacerlo. Una es con las técnicas de biología molecular, encontrando alguna fórmula para activar los genes necesarios que lleven a la producción de nuevas neuronas, que éstas se distribuyan adecuadamente y formen nuevas conexiones. Y otra es trasplantando células como las fetales o de cuerpo carotídeo.

P. Queda mucho por hacer...

R. Prácticamente todo. Lo único que ha cambiado radicalmente es que lo que antes parecía imposible, de repente es posible, pero no va a ser fácil. Gracias al estudio del genoma vamos a ver qué programas se activan en el desarrollo embrionario y tratar de reproducirlo en adultos. Del mismo modo, habrá que empezar a reconsiderar el diseño de fármacos. La industria deberá cerciorarse de que sus productos no alteran la capacidad del cerebro al reemplazar sus propias células, algo que no es fácil.


Página personal de Fernando Nottebohm
http://www.rockefeller.edu/labheads/nottebohm/nottebohm.html