Micro Semanario.
Año 12 - Nro. 480
8 de agosto de 2003

Microsemanario
Año 12 número 480
8 de agosto de 2003

== M I C R O S E M A N A R I O ======================================
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== Publicación electrónica, semanal y gratuita 			   ==
== con noticias nacionales especialmente                           ==
== preparada para los argentinos residentes en el extranjero.      ==
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%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%  INDICE  %%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%

	Cayó un gran meteorito en Mendoza
	IMPACTO PROFUNDO
	Debate sobre el uso de datos genéticos
	LA GENÉTICA Y LA ÉTICA
	BREVES DE CIENCIA Y TECNOLOGIA


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[]	Cayó un gran meteorito en Mendoza
	IMPACTO PROFUNDO

	Habían pasado  algunos minutos de las 2 de la madrugada del viernes
	1 de agosto,  cuando  el cielo se iluminó en el sur mendocino.  Una
	luz potente y fuerte  enceguecía  a  quien se animaba a observar el
	objeto que atravesaba el cielo.    El  blanco azulado se transformó
	casi en un rojo fuego y a los pocos segundos, se produjo una fuerte
	explosión con una onda expansiva que se  trasladó  por  cientos  de
	kilómetros.  Tanto que el estruendo se escuchó  hasta  en el sur de
	San Luis.

	Sanrafaelinos, alvearenses  y malargüinos se despertaron asustados,
todos  temían  lo  peor,  como  un  terremoto.    Otros  en  cambio,  cuyos
testimonios se escucharon en  las  radios  sureñas  durante toda la mañana,
fueron los testigos privilegiados de  un  hecho  sin  precedentes para esta
región  de  Mendoza:    la  caída   de  un  meteorito.    Según  creen  los
especialistas, al entrar a la atmósfera terrestre  se  habría fragmentado y
esparcido en la extensa geografía sureña.

	En  las  escuelas,  cafés,  comercios,  y en cada  esquina  de  las
ciudades y hasta en los parajes más alejados, el hecho fue el tema obligado
de  conversación  del día.  En las radios de los  tres  departamentos,  los
sureños  se  animaron  a  comentar  su experiencia.  Varios describieron un
objeto que  surcaba  el  cielo a una gran velocidad y que caía a la tierra.
Otros incluso alcanzaron  a  observar  que  se fragmentaba en pedazos -como
algunos jóvenes en Carmensa  (Alvear)-,  pero  todos fueron coincidentes al
señalar la incandescencia que casi lastimaba los ojos seguida de una fuerte
explosión.

Dudas y certezas
	Con  los  testimonios aportados por los  testigos,  los  astrónomos
comenzaron  esa misma tarde a trabajar en  la  probable  trayectoria  y  su
fragmentación antes de tocar el suelo terrestre.   Pero  no tienen dudas al
confirmar  que "se trató de un meteoro.  Ahora  hay  que  buscar  dónde  se
produjo  la caída", dijo Jaime García, doctor en Astronomía y  titular  del
Instituto Copérnico.

	Los  primeros indicios indicarían que de los fragmentos que cayeron
a tierra  hubo dos fundamentales.  Uno de esos fragmentos, de acuerdo a los
testimonios recogidos, habría  caído  entre Sierra Pintada y Los Reyunos en
San Rafael.  Y  el otro habría impactado en zona cordillerana cerca de Agua
Escondida,  al suroeste de Pata  Mora,  departamento  de  Malargüe.    Para
sostener esto se basan en el testimonio brindado a LV4 Radio San Rafael por
Jesús  Antonio Medina, un operario que realiza  perforaciones  de  agua  en
pleno campo y que a esa hora observó  en  esa zona "una luz potente blanca,
amarilla y azul.  Cuando el objeto cayó se  vio  como  un fuego intenso y a
los pocos segundos se sintió una fuerte explosión".

	Sin  embargo  efectivos  policiales  del  destacamento de Pata Mora
(Malargüe) realizaron  un  amplio  recorrido,  incluso hablaron con algunos
puesteros de la zona, y nadie pudo comprobar la versión.

	Durante el viernes y el sábado no sólo se hacían las gestiones para
sobrevolar las zonas mencionadas,  sino  que  por  intermedio  del Proyecto
Pierre  Auger se intentaban obtener  fotografías  del  satélite  científico
argentino (SAC 2) para determinar la  ubicación  o  las coordenadas exactas
del fenómeno.

	Jaime García aclaró:  "a todos los  objetos que caen a la tierra se
los llama meteoros.  Cuando explotan en el  aire antes de tocar el suelo se
los denomina aerolitos, y si caen directamente a la  tierra dejando grandes
cráteres  se los conoce como meteoritos".  Según los primeros  indicios  se
trataría del primer fenómeno, es decir un aerolito.

	No obstante  el científico sanrafaelino presume que algunos pedazos
llegaron al suelo  y eso es lo que se busca cuando se realizan los rastreos
aéreo.  "Seguramente no  vamos  a  ver  grandes  cráteres, pero sí círculos
negros o tierra quemada alrededor  del  objeto.    Es  que  por  la elevada
temperatura con la que caen y  la  sequedad  de la zona debieron producirse
algunos incendios que se verán muy fácil desde el aire", anticipó.

Acotando la zona
	Hacia mediados de esta semana, y gracias  al  testimonio de nuesvos
testigos, las sospechas sobre el posible lugasr de  caida  del meteorito se
fue restringiendo.

	El lugar aproximado del impacto fue determinado a través del relato
de un puestero de la falda del río Diamante, quien  describió  con  lujo de
detalles  la  dirección  donde  pudo  haber impactado, al menos una de  las
partes de mayor tamaño de la roca.

	"Una  resplandor  con  una  luz  roja azulada nos dejó casi ciegos.
Después lo siguió un ruido muy fuerte y la tierra se movió.  A la madrugada
vimos mucho humo  que  duró hasta el almuerzo", contó este hombre de campo,
testigo privilegiado del fenómeno.    "No  muy  lejos  de  la casa.  A unas
legüitas, como dos días a  caballo", amplió cuando se lo interrogó sobre la
distancia.

	Esta descripción coincide con las de unos pescadores que estaban en
el dique Agua del Toro.  La  explicación  -sobre todo la referencia al humo
del que nadie había hablado aún- le facilitó  al  titular de Defensa Civil,
Héctor Correas, la posibilidad de determinar la zona del impacto.

	"Estaría  en  la  parte sur del cerro el Diamante  con  orientación
hacia la mina la Picasa, a unos 100 kilómetros en  línea recta de la ciudad
de San Rafael", aclaró el funcionario y señaló que se trata  de una terreno
árido y montañoso donde hay varios campos privados.

	Mientras tanto, Jaime García  continuaba  recorriendo el territorio
en  una  camioneta 4X4 junto  con  científicos  del  laboratorio  de  rayos
cósmicos Pierre Auger.  El objetivo del viaje es determinar el lugar exacto
confeccionando un mapa sobre la base el  testimonios  de  los  puesteros  y
teniendo en cuenta "la diferencia de tiempo entre  el  rayo  de  luz  y  la
explosión".  Recorrieron puestos en La Jaula y Las  Aucas,  río  arriba del
Diamante,  dejando atrás la presa Agua del Toro e incursionando  "hasta  en
los  lugares  más extremos donde se puede llegar con un vehículo  de  doble
tracción".

	Desde  que  se conoció la noticia, mucho se ha hecho para encontrar
el lugar del impacto.

	El sábado, el  diario  Los  Andes  realizó  un extenso relevamiento
utilizando para ello un  Cessna del Aero Club San Rafael.  Héctor Correas y
Jaime  García, fueron los acompañantes  del  vuelo,  que  enfiló  hacia  el
sureste.  Así se llegó hasta  Rincón de los Sauces, en territorio neuquino,
regresando por Agua Escondida y el Cerro Nevado.

	El lunes, la actividad estuvo a cargo  de un avión de la IV Brigada
Aérea,  con  otra dirección.  En ambos casos  el  resultado  fue  negativo.
Ahora que ya está demarcado el lugar, se prevé  una nueva salida, esta vez,
por tierra.

	Paralelamente  se  sigue manteniendo una cuota de misterio y en  la
misma  medida  se  incrementan  las versiones y comentarios sobre que "algo
raro ocurrió aquella noche".  Aunque para los estudiosos del cosmos no  hay
nada sobrenatural en este hecho.

	En realidad,  el  misterio  que aún encierra este fenómeno tiene un
motivo:  los  astrónomos y Defensa Civil no quieren dar mayores precisiones
para  proteger  los  posibles    restos  de  roca  de  las  garras  de  los
coleccionistas de este tipo de  piezas,  muy requeridas y cotizadas en todo
el mundo.Debate sobre el uso de datos genéticos
///


[]	LA GENÉTICA Y LA ÉTICA
	Comentarios sobre el documento del Comité Internacional de Bioética
	(CIB)

	Actualmente los datos genéticos humanos se hallan por doquier.  Una
	vez   acopiados  mediante  muestras  biológicas  (sangre,  tejidos,
	saliva,  esperma,  etc.)  responden  a  las  preguntas  que  pueden
	plantearse la justicia o la policía, por ejemplo con respecto a una
	prueba de paternidad o  la identidad de un delincuente sexual.  Los
	datos genéticos revelan muchas cosas  y  prometen  revelar más aún.
	No obstante, al igual que otros  aspectos de la revolución genética
	actual, los problemas que plantean son tan  numerosos  como los que
	resuelven.

	Se conocen ya ejemplos de logros de los datos genéticos.  Según una
estadística publicada el 29 de enero de 2001 en  la  revista  Forum  de  la
Universidad  de  Montreal,  desde  1987  se  ha  declarado  inocentes a  76
condenados a muerte en los Estados Unidos gracias a sus huellas  genéticas.
Sin embargo, los riesgos que se ocultan detrás de sus aspectos prometedores
inquietan a mucha personas.  Una de ellas es el "padre" del primer "bebé de
probeta" francés, Jacques  Testart,  que  en  su  obra Des hommes probables
(Hombres probables) afirma que  "no  es  nada  seguro  que  las  sociedades
modernas sean capaces de evitar nuevas aventuras desatinadas, en las que el
racismo basado en el color de  la  piel  o  los  orígenes  sería suplantado
-científicamente, además- por un racismo fundado en el gen".

	Es evidente que, en este ámbito de  la  genética  en pleno auge, se
necesitan puntos de referencia éticos.  A este  respecto, la UNESCO -que ya
elaboró en el pasado la Declaración Universal sobre el  Genoma Humano y los
Derechos  Humanos,  adoptada  en 1997- ha venido efectuando desde 1993  una
labor  de  reflexión  sobre  los datos genéticos por conducto de su  Comité
Internacional  de Bioética (CIB), que ha publicado hasta ahora dos informes
sobre el  tema:    Carácter  confidencial  de los datos genéticos (junio de
2000) y Datos  genéticos  humanos:    estudio  preliminar  del CIB sobre su
acopio, tratamiento, almacenamiento y utilización (mayo de 2002).

	Desde hace algunos meses, los miembros de un Grupo de Redacción del
CIB  han  emprendido  la  tarea    de  elaborar  un  instrumento  normativo
internacional sobre los datos genéticos humanos.    Ahora,  el conjunto del
Comité va a examinar por primera vez  un  anteproyecto  de  ese instrumento
durante su novena reunión, que tendrá lugar del  26  al  28 de noviembre en
Montreal  (Canadá).    Tras  la  celebración  de  una  serie  de  consultas
posteriores, el instrumento se presentará a la aprobación de la Conferencia
General de la UNESCO en el otoño de 2003.

	Aunque no siempre nos percatemos de ello, no cabe la menor  duda de
que los datos genéticos cobran cada vez más importancia no sólo en el plano
médico,  sino en el conjunto de nuestra vida.  Por ejemplo, en Islandia  ya
se  ha  empezado a efectuar un censo genético de la población, mientras que
Estonia está  a  punto de hacerlo y otros países como Letonia y Tonga ya lo
tienen proyectado.  Además, la cantidad y las proporciones de los bancos de
datos van en aumento  por  doquier.  Teniendo en cuenta que actualmente hay
incluso hospitales muy pequeños que,  si  bien  no  poseen  datos genéticos
tratados,  cuentan  por  lo  menos  con  colecciones  de  muestras  de  ADN
destinadas a un tratamiento genético, resulta imposible  saber  exactamente
el número de bancos existentes en el mundo,  aunque todo parece indicar que
hay por lo menos medio centenar que han sobrepasado  actualmente  el millón
de datos.

	¿Para  qué  se  están  acumulando  tantos  datos  genéticos?    Los
investigadores dicen que para saber cómo están estructuradas las secuencias
genéticas en algunas  poblaciones  y  cómo  funcionan las variaciones entre
individuos  y entre poblaciones  (polimorfismo  genético).    Tanto  en  la
investigación fundamental como en la  aplicada  existe  una  misma  demanda
considerable de esos datos, que pueden  explicar  determinados mecanismos o
permitir  el  hallazgo de nuevos tratamientos.   Para  entender  mejor  una
enfermedad -pongamos por caso la diabetes- algunos investigadores  utilizan
muestras genéticas procedentes de familias en las que abundan especialmente
los  diabéticos,  o bien aplican el método inverso de interesarse  por  los
datos  de  los  grupos humanos que presentan la particularidad de no  verse
afectados por esa enfermedad u otra.

	Los  propios  médicos piden cada vez más la realización de análisis
genéticos y,  a  diferencia  de  lo  que  ocurría  hasta  hace poco, no los
reclaman exclusivamente para tomar una decisión en materia de reproducción.
Las pruebas efectuadas en  personas  adultas proliferan y van incrementando
la masa de datos almacenada  en  los hospitales y centros de investigación.
Esas  pruebas  están  destinadas  a averiguar  cuáles  son  las  mutaciones
genéticas que pueden permitir que se desentrañen  algunas enfermedades.  Se
sabe,  por ejemplo, que entre un 5% y  un  10%  de  los  cánceres  de  mama
obedecen  a  factores  genéticos y se han identificado al  respecto  varios
genes  mutantes  (BRCA1, BRCA2 y, más recientemente, BRCA3), cuya presencia
no  supone  que  la enfermedad vaya a producirse automáticamente, aunque sí
aumenta  las probabilidades de padecerla.  Teniendo en cuenta que el cáncer
de mama  afecta  a una mujer de cada once, no es de extrañar que en algunos
países como los  Estados  Unidos haya miles de mujeres que han solicitado a
sus  médicos  la  realización  de  una  prueba  de  predisposición  a  esta
enfermedad.

	A la industria farmacéutica también le interesan, por supuesto, los
datos genéticos humanos.  Una muestra de ese interés es la batalla jurídica
que están librando diversas instituciones europeas, entre las que figura el
Instituto    Curie  (Francia),  contra  la  empresa  norteamericana  Myriad
Genetics.    Esta  querella  se  centra  precisamente  en  las  pruebas  de
predisposición  a  los cánceres de mama y ovario relacionados con  el  gene
BRCA1.   Además de impugnar las patentes poseídas por Myriad Genetics,  que
le  confieren  una  especie  de monopolio en este ámbito, las instituciones
europeas señalan  que,  al  negarse  esta  firma  estadounidense a conceder
licencias de explotación,  todas las muestras de ADN irán a parar a su sede
de Salt Lake City  y  le  permitirán constituir un banco de datos exclusivo
sobre las personas que más riesgo corren de padecer esas enfermedades.

	El interés de la industria  por  los datos genéticos irá en aumento
forzosamente.  En efecto, sus especialistas  saben  que  hay  personas poco
sensibles  o  completamente reacias a los tratamientos  farmacéuticos  (por
ejemplo,  el  20%  de  las  que padecen hipertensión  arterial)  y  esperan
desentrañar este fenómeno averiguando las variaciones genéticas que se  dan
entre los individuos.  No es imposible que el día  de  mañana nos hagan una
prueba  genética  antes  de  escoger  el  tratamiento  médico que mejor nos
convenga.  Si este tipo de tratamiento "a la medida" llega a  ser realidad,
habrá  que  agradecerlo  a  la  acumulación  de datos genéticos que se está
efectuando en nuestros días.

	A estos  aspectos  médicos  cabe añadir los estudios de genética de
las  poblaciones,  que  acopian  también  masas  de  datos  para  poner  de
manifiesto la frecuencia de  determinadas  características  genéticas,  así
como las utilizaciones ya señaladas  de datos genéticos para satisfacer las
necesidades de la justicia y la  policía.   Hasta los propios Estados piden
hoy en día más datos de este tipo.  Hemos visto ya que algunos de ellos han
comenzado -o se disponen a comenzar- un censo  genético de sus poblaciones.
Así  podrán obtener una información valiosa que les permita  ajustar  mejor
sus  políticas  sanitarias.    Si gracias a un censo genético  nacional  se
comprueba,  pongamos  por  caso,  un  predominio  muy  considerable  de una
mutación genética  que predispone a enfermedades cardiovasculares, se podrá
elaborar una política  de prevención y dar prioridad al tratamiento de esas
enfermedades, aumentando en especial la financiación de su investigación.

	La tendencia a la  acumulación  de  datos  genéticos  humanos  va a
cobrar forzosamente una mayor amplitud.    Por  consiguiente,  es  menester
preguntarse qué desviaciones pueden producirse en  este  ámbito.   Tanto en
las fases de su acopio y tratamiento  como  en  las  de  su  utilización  y
conservación, los datos genéticos humanos plantean problemas éticos y no es
difícil  imaginar  que  puedan  ser  objeto  de  determinadas  desviaciones
peligrosas para los derechos y la dignidad de los seres humanos.

	En  la  fase del acopio se plantea la cuestión del  consentimiento,
que  no constituye un problema nuevo en el ámbito médico.   No  siempre  es
evidente  que  el  consentimiento  tenga  un carácter "libre, expreso y con
conocimiento de  causa".   Supongamos que algunos de los investigadores que
trabajan en los  países  ricos  decidan  obtener  datos genéticos brutos de
poblaciones que viven en  países con menos recursos económicos y jurídicos.
Al carecer esos países de legislaciones sobre las cuestiones genéticas, sus
poblaciones carecen también de la mínima información necesaria sobre ellas.
En estas condiciones, cabe preguntarse qué consentimiento pueden otorgar.

	También  se  plantean  problemas  con respecto a  la  retirada  del
consentimiento  y  al  derecho  a estar informado o  no  (una  cuestión  ya
abordada en el apartado c) del Artículo 5 de la Declaración Universal sobre
el Genoma Humano y los Derechos Humanos).  Hay casos  en los que quizás las
personas no se deseen efectuar una prueba genética o prefieran ignorar  sus
resultados.    Por ejemplo, un individuo cuyo padre padezca de la corea  de
Huntington -una  enfermedad neurológica rara que aqueja a una persona entre
10.000- tiene un  50% de posibilidades de padecerla a su vez.  La prueba de
detección de esta enfermedad  existe,3  pero es posible que el individuo en
cuestión no desee efectuarla por  lo  que  pueda  suponer de trauma para él
mismo y su familia en caso  de resultado positivo.  Podemos preguntarnos si
no corre riesgos de que le fuercen  a  efectuar  esa prueba, por ejemplo si
quiere suscribir un seguro de vida y la  compañía  de  seguros no le da más
opción  que  someterse a ella -que, además, tendrá que  ser  negativa  para
contentar a la firma aseguradora- o abonar una póliza a un precio mucho más
elevado.

	En  la  fase  del  tratamiento  el  gran  problema  es  el carácter
confidencial  de los datos genéticos.  ¿Se identifican o no las muestras  o
los  datos?    Si  se  identifican,  ¿cómo  se  va  a  respetar su carácter
confidencial?   Por  un  lado,  tenemos  algunos  datos  que  necesitan ser
identificados o deben  ser  identificables,  como  ocurre en el caso de los
archivos policiales y en  el  de  la realización de pruebas genéticas.  Por
otro  lado,  tenemos  que  hacer   el  máximo  para  respetar  su  carácter
confidencial.  A este respecto, y  dejando  aparte  la cuestión de posibles
desviaciones, es forzoso reconocer que pueden surgir  conflictos de difícil
resolución.  Por ejemplo, a una persona que  efectúe una prueba genética se
le  debe  garantizar el carácter confidencial de la misma.    Sin  embargo,
habida cuenta de que los datos obtenidos en esa prueba  pueden  interesar a
los  demás  miembros  de  su familia, éstos pueden invocar el principio  de
solidaridad  para pedir que se les comuniquen los resultados.  La situación
puede ser  aún  más  conflictiva  en  algunos  casos,  cuando la enfermedad
detectada en la  prueba  tenga repercusiones importantes para terceros.  Un
ejemplo de esto sería  una  enfermedad con un primer síntoma de deficiencia
ocular que afectase a un  controlador  de  tráfico aéreo del que depende la
vida de muchas personas.

	La  fiabilidad  y  calidad  de  los  datos  tratados  deberían  ser
incuestionables,  teniendo  en cuenta lo medios profesionales  interesados.
No obstante, es menester señalar que puede surgir  un  riesgo particular en
materia  de  genética  del  comportamiento.   En efecto, así  como  algunos
científicos  pretendieron  en  algún  momento  que  se  podía determinar el
carácter  criminal  de  una  persona  tan sólo por la forma de  su  cráneo,
algunos  podrían  caer  en  la  tentación  de  buscar  el gene causante del
comportamiento criminal, del alcoholismo, de la violencia, etc.  Aunque son
los medios de difusión  los  que  se  muestran más propensos a este tipo de
simplificaciones,  cabe decir que ya  se  han  realizado  algunos  estudios
científicos que han suscitado polémicas.   En  realidad,  en este ámbito el
problema no estriba tanto en los datos  en  sí,  sino en su interpretación.
De todas formas, el peligro de que se proceda a detectar sistemáticamente a
individuos que presentan "riesgos", o a emprender una especie de guerra sin
cuartel contra los "genes malos", es demasiado grave como para silenciarlo.

	En la fase de la utilización, el primer problema que  se plantea es
el de las finalidades.  En el anteproyecto del Grupo de  Redacción  del CIB
sólo se  contemplan  las siguientes finalidades:  la investigación médica y
científica;    los   cuidados  sanitarios;    la  medicina  forense  y  las
necesidades de la justicia  en  materia de procedimientos de índole civil o
penal.  No se aceptan  ni  la  utilización  ni  el  mero  acopio  de  datos
genéticos  para  discriminar  a un grupo  de  población  determinado,  como
tampoco  se admiten la utilización o el  acopio  destinados  a  aplicar  un
programa de eugenesia.

	No  obstante, la discriminación "racial" no es la  única  forma  de
discriminación, y a este respecto hay que decir que  los datos genéticos se
pueden  prestar  a  prácticas  discriminatorias  de  otro  tipo.    Podemos
imaginar, por  ejemplo,  casos de discriminación en materia de contratación
laboral que se  basen,  por  lo  menos al principio, en motivos excelentes.
Supongamos que una empresa  petrolera  proponga  a  sus  empleados  que  se
sometan a una prueba para  detectar  a  los  que  poseen  un  organismo con
mayores  posibilidades  teóricas  de  verse  afectado    por   determinadas
patologías generadas por el contacto con un  solvente  químico.  Una prueba
de predisposición de este tipo puede situarse perfectamente  en el contexto
de la medicina preventiva y, por lo tanto, redundar  en  beneficio  de  los
asalariados.  Sin embargo, la propuesta o la imposición -la línea divisoria
entre ambas es muy tenue en estos casos- de una prueba  de  este tipo a los
candidatos a un puesto de trabajo puede perjudicar a algunos de ellos.   Un
patrono más proclive a la productividad que a la salud o la justicia  puede
intentar incluso  establecer un nexo más estrecho entre los empleados y las
características del puesto  de  trabajo,  es  decir,  tratar de limitar las
pérdidas  entrañadas  por  las    eventuales  ausencias  por  enfermedad  y
proscribir de uno o varios  servicios  de  su  empresa a todos los que sean
susceptibles de verse afectados por los productos utilizados en ellos.

	Algunos albergan sospechas de que determinadas compañías de seguros
pretenden adoptar este tipo de métodos discriminatorios.    En  efecto, las
pruebas  genéticas  representan para las firmas de este  sector  una  buena
oportunidad para desembarazarse de los "malos clientes".  Es  muy grande la
tentación de pedir a los candidatos a la suscripción de  seguros de vida la
realización  de  pruebas de predisposición a determinadas enfermedades y de
penalizar con  tarifas más elevadas a los que se nieguen a someterse a esas
pruebas, o presenten  riesgos  de  contraer  tal  o  cual  enfermedad.   En
semejante hipótesis, a algunos les tocaría el número premiado en la lotería
genética -pocas posibilidades de caer enfermos y seguros baratos-, mientras
que otros acumularían las desventajas:   al  ser  propensos  a una o varias
enfermedades, las compañías de seguros los tratarían como parias.

	Todavía no se ha llegado a esos extremos, porque hasta este momento
sólo hay pruebas para un número reducido de  enfermedades.    Además,  esas
pruebas no siempre son fiables y, si se exceptúa  el  caso  de  la corea de
Huntington, sólo proporcionan  resultados  exclusivamente indicativos sobre
un  riesgo elevado de  contraer  la  enfermedad  detectada,  sin  que  haya
absoluta seguridad de que se  contraiga  efectivamente.    De  hecho,  está
comprobado que existe el riesgo de  que  se  produzca una discriminación de
este tipo, salvo en algunos países donde  ya  se han impuesto restricciones
(Austria, Bélgica, Noruega, Países Bajos y parte de  los  Estados  Unidos).
En  los  demás países, o bien sigue reinando la  imprecisión  en  el  plano
jurídico,  o  bien  las  propias compañías de seguros han establecido  motu
propio  plazos  dilatorios  para  la  utilización de las pruebas genéticas.
Sólo son  plazos  dilatorios y, además, de duración muy limitada en algunos
casos (5 años  por regla general).  La concesión de esos plazos no prejuzga
la actitud que puedan tener en el futuro las compañías de seguros.  Además,
en ese lapso se registrarán  progresos en las pruebas, lo cual aumentará la
tentación de recurrir a ellas.

	Si se quiere ir más lejos  con  la  "genética  ficción",  se  puede
imaginar  un fenómeno comparable en el ámbito  de  la  educación.    En  un
principio,  los  médicos  escolares acopiarían los datos genéticos  de  los
niños en beneficio de éstos.  En una segunda etapa, se trataría de utilizar
los  datos  genéticos  para  la  orientación  escolar.    Luego, cabría  la
posibilidad  de  que  se  empezase  a  tratar de descubrir el gene  de  las
matemáticas, al igual que se habría buscado antes el gene del crimen.    De
esta manera,  los  centros  docentes  que  tratan de conseguir un prestigio
máximo podrían establecer  una  selección  para dar prioridad al ingreso en
sus aulas de "genios" que, en la nueva acepción que habría cobrado entonces
ese vocablo, serían los candidatos con "mejores genes".

	Con respecto a la utilización  de  los  datos  genéticos,  hay  que
plantearse también el problema de las  colecciones  históricas  de muestras
humanas, así como el de los cambios  de  finalidad.    Por  ejemplo,  si se
quiere  efectuar  una  investigación  genética  sobre  los tejidos  de  los
pulmones de las víctimas de una epidemia de gripe  ocurrida un siglo atrás,
¿quién  va  a dar la autorización para esa utilización no  prevista  en  su
época y, además, no consentida?  Los casos de este tipo se contemplan en el
anteproyecto  que  se  va a presentar en la reunión de Montreal, y  a  este
respecto se  propone autorizar la utilización con dos condiciones:  que los
datos  ofrezcan  un  interés  innegable  para  la  investigación  médica  y
científica o para la  salud  pública;    y  que se reduzcan al anonimato de
manera irreversible.  En un  plano  más  general, los miembros del Grupo de
Redacción propugnan que una finalidad no  sirva para ocultar otra distinta.
En el anteproyecto de documento elaborado por  el  Grupo  se señala que los
datos   genéticos  humanos  acopiados  para  la  investigación  médica    y
científica, los cuidados sanitarios, la medicina forense y las  necesidades
de  la justicia en materia de procedimientos de índole civil  o  penal  "se
podrán  utilizar  para  otros  fines,  a  condición de obtener de nuevo  el
consentimiento  previo,  libre,  expreso  y con conocimiento de causa de la
persona interesada".

	Quien dice  utilización  dice también beneficios esperados de ella.
Al referirnos a la etapa del acopio, ya mencionamos el problema que plantea
el "shopping" de datos  genéticos que pueden practicar en los países pobres
los investigadores y empresas de  los  países ricos.  Esta cuestión se debe
plantear en el plano de los  resultados.  Si los datos acopiados en el seno
de  una  población  traen  consigo  beneficios  como  nuevos  medicamentos,
pruebas, etc., ¿no habría que garantizar que esa  población sacase provecho
de ellos también?

	En la fase de la conservación también se plantean  interrogantes de
difícil  resolución.    ¿Qué sistema de gestión de datos genéticos  humanos
puede  garantizar  una protección adecuada de los derechos y las libertades
fundamentales del ser humano?  ¿Qué datos obtenidos en el transcurso de una
investigación criminal  o  una  acción  entablada ante la justicia se deben
conservar o destruir?

	El cotejo o  la  comparación  de  datos constituyen la dimensión de
conservación  con  respecto  al  problema  de  las  finalidades  mencionado
anteriormente.  Teniendo en cuenta  que  detrás  de  una  finalidad no debe
ocultarse otra distinta, no se debería  permitir  la realización de algunos
cotejos o comparaciones.  Según el anteproyecto  de  documento,  "los datos
genéticos  humanos acopiados para la investigación médica y  científica,  o
los cuidados sanitarios, no se deben cotejar con los  datos  obtenidos para
satisfacer las necesidades de la justicia en procedimientos de índole civil
o penal".  Por ejemplo, estaría excluido que para buscar a  un  delincuente
se  utilizasen datos obtenidos por motivos médicos, o incluso los acopiados
en el contexto de un censo genético nacional.

	Los problemas  planteados por los datos genéticos que va a examinar
el CIB en  Montreal  revisten  a  veces  aspectos muy técnicos y además son
especialmente complejos.  La doble índole de los datos genéticos explica en
gran parte esa complejidad.   En  efecto,  no  sólo suministran información
médica, sino también personal.  Por  un lado, las características genéticas
de  una  persona  pueden  ser  determinantes de  múltiples  enfermedades  o
predisponer a ellas.  Por otro lado, al ser único el patrimonio genético de
cada  individuo, la medicina forense y la justicia se  sirven  de  él  para
identificar  a las personas.  Toda esa información no sólo  es  delicada  y
duradera  -por  ser  pertinente  a lo largo de toda la vida  del  individuo
interesado-,  sino que además es una fuente de posibles conocimientos sobre
la fratría  (hermanos y hermanas) de la persona, sobre sus descendientes y,
en general, sobre el grupo al que pertenece.

	Ante una situación tan compleja, el Grupo de Redacción del CIB optó
por utilizar un método  pragmático  en  sus tres primeras reuniones.  En el
plano formal, señaló que prefiere un instrumento que no revista un carácter
obligatorio  -es decir, una declaración en  vez  de  una  convención-  para
adaptarse mejor a un contexto en continua  evolución  y  poder  llegar  más
fácilmente a un consenso.  Los debates que  celebrará  el CIB en su reunión
de Montreal permitirán avanzar más por este camino.

Fuente: Ceride (Conicet)
///


[]	BREVES DE CIENCIA Y TÉCNICA

 >	PULMONES QUE ESCUCHAN.  Ciertas especies de anfibios, como  algunas
salamandras, son capaces de oír utilizando para ello sus pulmones, según un
estudio realizado por investigadores de la Universidad del Estado de Ohio.
	Thomas Hetherington,  profesor de Evolución, Ecología y Biología ha
asegurado que esta  investigación  confirma un descubrimiento previo que ya
ponía de manifiesto como  algunos  tipos  de  ranas  y sapos que carecen de
oídos  utilizan  sus  pulmones  para  discernir  las  vibraciones  sonoras.
"Parece que puede existir toda una  variedad  de  animales  terrestres cuyo
oído depende de los pulmones.  Se  trata  de un primitivo sistema que quizá
haya  sido el más extendido entre los primeros  animales  que  vivieron  en
tierra  firme y que incluso hoy es importante para  algunas  especies",  ha
indicado este experto.
	Aunque  las salamandras pueden utilizar sus pulmones para respirar,
suelen hacerlo a través de la piel.
	Tras examinar  cuatro  especies  de  salamandras,  Hetherington  ha
señalado en la  revista  Journal  of Comparative Physiology que estos seres
disponen de un tipo  de oído interno que les permite escuchar sonidos.  Los
sonidos hacen que el pecho  del animal vibre y las vibraciones son llevadas
desde los pulmones hasta esos oídos  internos.  Así, en un experimento, las
frecuencias  más  bajas  causaron  las  vibraciones  más    fuertes  y  las
salamandras que carecían de pulmones no respondieron a ninguna frecuencia.

Más información en: 
http://www.acs.ohio-state.edu/units/research/archive/earlung.htm

 >	MÁS  AGUA  MARCIANA.    Científicos  de  todo  el  mundo  continúan
insistiendo en encontrar algún indicio que permita creer que  en Marte hubo
vida alguna vez.
	Según  un  trabajo  publicado en la revista Nature, datos brindados
por la misión Mars Odyssey indicarían que debajo de una delgada  costra  de
la superficie marcian habría una capa de agua permanentemente congelada.
	Una  de las mayores pruebas de la existencia de hielo debajo de  la
superficie  marciana es la presencia de una marca que deja el hidrógeno que
compone  el agua, que fue detectada por uno de los instrumentos de la "Mars
Odyssey".
	"Si  las  condiciones  fueron  más   cálidas  en  el  pasado,  como
probablemente lo fueron, podrían haber llevado a que el hielo se derritiera
formando agua, lo que hace aún más  posible  la  presencia  de  vida", dijo
William Boynton, miembro del equipo de astrónomos rusos  y  estadounidenses
responsables de estos descubrimientos.
	Este  hallazgo es importante no sólo porque aumenta la  posibilidad
de  que se haya desarrollado vida microbiana más allá de  la  Tierra,  sino
porque  también hace más probable un futuro lanzamiento de misiones humanas
a Marte, ya que los astronautas podrían contar con fuentes de agua  durante
su estadía.
	"Desde  el punto de vista de misiones tripuladas a Marte, puede ser
un descubrimiento  grandioso", dijo Bo Maxwell, de la sucursal británica de
la Sociedad de  Marte.    "La gran pregunta ahora es saber cuán profundos y
puros son estos depósitos", añadió.
	Marte es el actual objetivo de una carrera desatada entre los entes
espaciales de Europa y Estados Unidos.  Los europeos enviaron recientemente
una nave espacial, la "Mars Express",  con su robot Beagle 2.  La NASA, por
su parte, envió un robot al planeta rojo y se prepara a enviar otro.

 >	AVIÓN A ENERGÍA SOLAR PERDIDO.  El avión prototipo Helios, manejado
a control remoto, se destruyó cuando se partió  sobre Ocúano Pacífico cerca
de la Isla Kauai del archipiúlago de Hawai.   El  Helios  era  el avión más
grande  de la NASA, totalmente cubierto con células solares, diseñado  para
volar a altitudes muy grandes y por largo tiempo.  En  agosto del año 2001,
rompió el record de altitud con 29.500 metros.  En el futuro,  este tipo de
aviones sustituirán a los costosos satélites.  Las causas del accidente son
desconocidas.
	No hubo ningún daño en la superficie ni a personas ni a propiedades
motivadas por el accidente.

Más información en: http://www.dfrc.nasa.gov

 >	NUEVOS INTENTOS CONTRA EL CÁNCER.  Un Instituto de Biotecnología de
España,  INBIOTEC, investiga un anticancerígeno  que  podría  eliminar  los
tumores asociados al cáncer de páncreas,  colon,  pulmón, tiroides, vejiga,
mama  y la leucemia, mediante el uso  de  un  hongo  que  actúa  sobre  los
oncogenes y que sólo se puede encontrar en  Madrid,  aunque  hay  una  cepa
parecida  en  Japón,  así  lo  afirmó Juan Francisco Martín,  director  del
Centro.
	Martín explicó que los científicos están a punto de obtener  "cepas
superproductoras de ácido  clavárico  -un  nuevo  anticancerígeno- mediante
modificación genética del hongo  productor  Hypholoma  sublateritium".   El
proyecto fue iniciado hace tres  años  por un grupo de investigadores de la
empresa estadounidense Merck, que participa también en estos trabajos.
	Una  vez  obtenida la fórmula para  conseguir  este  producto,  los
investigadores de la empresa Merck harán un  estudio de toxicología, ya que
"existen muchas sustancias anticancerígenas que al mismo tiempo son tóxicas
y dañan tejidos", matizó Martín.
	"Estos  estudios  suelen  durar una década", advirtió el científico
español,  que  aseguró  que  desconoce  cuándo  se comercializarán fármacos
derivados de este hongo.
	INBIOTEC es  un  centro  dedicado al desarrollo biotecnológico, que
busca transformar materias  primas  de origen vegetal y animal en productos
que  la  industria  farmacúutica    pueda    transformar  en  antibióticos,
antitumorales y proteínas, entre otros.
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FIN DE LA EDICION DE MICROSEMANARIO

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